domingo, 19 de abril de 2009

EL LOBO NO PUDO CON EL PINCHA Y SE COMPLICO UN POCO MAS



El futuro de Gimnasia en Primera División es cada vez más complicado. A pesar de que mejoró, parece no encontrar el camino de la victoria que se le viene haciendo esquivo desde hace tres partidos. Le pasó anoche, con un Estudiantes que no puso lo mejor y pudo haberlo ganado de contra. Lo cierto es que el Lobo no logra hacer pesar la localía, pasan los partidos y el final y el pueblo jujeño está en vilo por esta situación.

Por lógica, el Lobo tomó la iniciativa y salió a llevarse por delante con lo que tuviera a un rival que salió sin alguno de sus jugadores clave. Lo hizo, no con demasiada vehemencia, pero cumplió con el papel de proponer para lograr una victoria que era imperiosa. Si bien no fue un torbellino de ataque, el equipo de Arzubialde sí tuvo dos oportunidades muy claras para ponerse en ventaja. Pero Andujar, fue una de las figuras de Estudiantes mientras jugó (después salió lesionado y fue reemplazado por Albil), ya que le tapó dos situaciones claras al equipo de Arzubialde. Primero una palomita a Miranda y, un rato después, desvió una pelota de Busse que se metía. Lo salvó el travesaño, pero ese arañazo fue trascendental.

Aunque este Lobo volvió a manifestar un síntoma peligroso en su lucha por zafar del descenso: llega, no convierte y, con el correr de los minutos, entra en un estado de desesperación que le nubla los sentidos. Entonces, quiso simplificar los caminos con pelotazos, la vía más rápida para tratar de lastimar, la mejor manera de permitir que el rival rechace sin complicaciones, sobre Estudiantes, que si algo tiene bien apuntalado es el juego aéreo. Menos mal que Busse, trató de poner juego e inteligencia.

De todas maneras, mereció un poquito más, sobre todo porque el Pincha salió con un libreto que tenía puesta la mayúscula en una palabra: empate. Al menos, esa fue la sensación. De hecho, la única que tuvo fue por un mal despeje de Mateo que dejó mano a mano a Calderón con Pezzuti. El zurdazo dio en el pecho del arquero. Estaba claro que el negocio del visitante estaba en el contraataque. Pudo haberlo ganado, pero las dos veces Galván se quedó con las ganas.

Pasó nuevamente el tren y Gimnasia lo dejó pasar. El punto, al fin y al cabo, no sirve para nada en su batalla por no descender. Y al Pincha tampoco le es relevante el punto.